AMarte

AMarte

AMarte me fui por querer amarte. Amarte, léelo bien, no amarrarte.

AMarte me fui para darme cuenta que no hacía falta enamorarme para poder entregarme. AMarte fui a quemarme intentando amarte.

AMarte llegué por querer sentir. Aterricé para lograr comprender que todo puede cambiar, que de amarte a odiarte solo hay una vocal de más y que el arte está en las dos; el arte de amar, el arte de odiar.

AMarte me fui pensando en poder llegar a amarte pero tú preferiste que llegara a odiarte.

Fragmento encontrado en el baúl de los recuerdos de Lolita Monroe.

Sus restos yacen en la Luna.

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Un amor alienígena

Un amor alienígena

Un amor que empezó como de otro planeta; ajeno a mi realidad, soñado en una paralela y anhelado por mi lunática imaginación.

Un amor abducido en un suspiro, un amor que se esfumó de mi realidad, un amor “profesado” por un alienígena; uno insensible. Parece que no piensa, ni siente, a veces hasta dudo de su existencia.

Un amor que ya no tiene sentido en Marte y mucho menos en la Tierra. Un amor que ya es extraño en mi mundo, un amor que ya se siente ajeno y que ya no entiendo. Un amor que ahora no tiene significado en mi diccionario intergaláctico; algo que ya no es lógico, ni coherente.

Un amor que desaparece como una estrella fugaz y que probablemente otros esperan como ese eclipse lunar.

Un amor que ya no existe más.

The art of forgetting

The art of forgetting

Forgetting is not that difficult. I tell myself that constantly, and I do it because I’m an expert in it. There are some things that I forget every second, while there are others that I force myself to forget every minute. Those things that hurt, that hurt and eat you up; those with which you feel a void in your belly and chest; those that make your eyes clear because they can not hold any more tears without letting some fall.

The art of forgetting lies in drowning out your crying with the pillow every night; falling asleep thinking about what hurts you, letting the duel take its course, but with a little help. A kind of help that only one can give. The art of forgetting lies in always remembering that this time is neither the first nor the last that you will force yourself to forget. Remembering that you have done it before, that it has not been easy, but you have always succeeded.

I’ve been in my new oblivion for 6 days. I feel strong and determined like never before, even if grief hits me when I least expect it. This time, although everything is more difficult, the pain is my motor. Broken hope encourages me to continue. The heart that knows not how it is, nor what to feel, makes me roar from within. We know that we need to emerge victorious from this, and that this time forgetting will mark a distinct “before and after”. It is not the same, it is not equal to the others.

This time I will have to forget the one to whom I gave my body and a part of my being. Although time was short, all of my energy gave way to be with him. I will have to forget his caresses, his kisses, his details, his smell, his sensations, his body, and everything that he produced in me; opening the way to what was unknown to me, but surely for him it was habitual. I will also have to forget and let myself be beaten by how silly I was (again) for thinking that he had something special; silly for thinking that he would know how to value everything that I have to give, as well as what I could not;  and for thinking that he could value the woman that I am and the decision I made the moment I met him. I will have to accept that my sixth sense failed me when taking this step with him. I will have to force myself to reduce it to the mere superficiality of this world, a world in which I feel strange. I will have to downplay the feeling, and force myself to erase everything that I thought would be. This time, once all is forgotten, is the beginning of something real. It is the beginning of something special.  A time to live at last, without fear of feeling.

Frau Eva

Frau Eva

Hace un tiempo fui la Frau Eva de los minutos de alguien. Vaya honor el que me dieron sin merecer. No era yo quien debía acaparar los minutos de alguien, ni siquiera los segundos, ni tampoco las milésimas.

Aunque quisiera echarme la culpa de aquel desamor suyo, nunca pude creer que debía hacerlo, ¿por qué sentirme culpable por mi naturaleza? Siempre he sido una mujer sapiosexual y a nadie tengo que pedir disculpas. Pero también, sé que siempre he sido una mujer que cambia de parecer rápidamente y no puedo evitar dejar de sentir en un abrir y cerrar de ojos.

No contamos con suerte tú y yo y no podré ser el algo de nadie.

-Lolita Monroe

La misma mierda

La misma mierda

A veces pienso que todo en la vida sería más fácil, si fuera como una de esas maquinitas en las que eliges lo que quieres y sale. Luego recuerdo que me cobran todo más caro de lo que es, no me recibe algunas monedas y otras veces se traga el dinero sin nada a cambio, y concluyo que viene siendo la misma mierda.

 

Inspirado en la máquina de HAVAS

que se me tragó varias monedas cuando trabajé ahí.

Y que gracias.

Auto curación

Auto curación

Y es cada noche al dormir que llegan los recuerdos y el llanto no se hace esperar. Dos grandes lágrimas brotan por mis ojos y se deslizan por mi mejilla, bajan por las clavículas y ruedan hacia mi espalda, listas para unirse buscando el corazón. Se sumergen en la piel y quizá como acto mágico de auto curación, traspasan los huesos y los músculos hasta llegar a los tristes latidos.

El llanto se acabó.

 

*Texto del 27 de octubre del 2017 encontrado

en mis conversaciones “conmigo misma”.

(Un nuevo uso de mi messenger)*