Esencia

Esencia

Me tienes y no. No soy para ti, soy para mí.  Me confundo, te confundes y te fundes. No siento culpa, lo hago sin culpa. Te quiero, no te quiero; soy un girasol, échalo a la suerte. Si me escapo, seguro no vuelvo, si me dejas escapar; menos.

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Por un café (Primera parte)

Por un café (Primera parte)

Amigo, no sé si se ha fijado, pero hay tantas cosas que comienzan con un café; – lo digo en sarcasmo – porque por su cara es evidente que lo sabe. En este lugar he visto tantas cosas: parejas tímidas que parecen empezar a conocerse, otras con la pasión a flor de piel y algunas tan melosas que parecen ser más hostigantes que el café más dulce de este lugar. ¿Los ha probado todos?, para mí el más dulce es el mocachino.

¿Sabe?, yo también he estado en su lugar, en algún café de esta ciudad; siendo atendido por alguien más, en compañía de una hermosa mujer; con mi sonrisa estúpida por contar con su presencia. También he pedido un capuchino como usted ahora mismo, también lo he acompañado con un postre y he probado el café de mi compañera, pensando en que compartiré con ella más que palabras y dos sorbos de cafeína y azúcar en una cita.

Con un café se inician tantas cosas… las farsas son una de ellas. Aquí he visto un poco de eso, también peleas con sabor a carajillo. He visto lágrimas y rabia en los ojos. Quizá pueda escribir un libro con cada historia que he visto en este lugar; historias de café. Pero hoy, le voy a contar la mía mientras llega su compañía. La mía es amarga y fuerte como un expresso…

Méndigo mendigo

Méndigo mendigo

Nadie se imaginaría que escribo. Me miran con susto y desprecio por mi aspecto, nadie sabe que fue culpa de las drogas, el alcohol y el Rock and Roll. Ya tengo 30 años y llevo en la calle más de 7 meses. Tuve una doble D: “década de decadencia” que me dejó aquí, sin nada y sin nadie.

Nadie sabe que leía a Chaparro y me sumergía entre letras al mismo tiempo que en vicios, que me sentía feliz por su aprobación y que con seguridad, creía que él estaba orgulloso de mí desde el cielo. Todos mis amigos empezaron como yo, pero muchos fueron renunciando al Rock and Roll con el amor como excusa. Y me preguntaba si no era suficiente el amor por la música. Ellos se dejaron enredar por las mariposas malévolas que solo quieren más adeptos para luego dejarlos tirados por el camino en nombre del méndigo amor.

Yo no comí cuento de sus aleteos y las maté varias veces con el fuego del alcohol y la gastritis. Si algo me han enseñado los libros y la vida, es que el amor de alguna forma termina siendo perjudicial para la salud. Rompe corazones, acaba con el cabello, da dolor de panza de la emoción o del sufrimiento y produce largos desvelos que terminan en delirios. De cierta forma es igual de nocivo al alcohol o las drogas, con síntomas de más o de menos; ya ni sé.

La verdad, y aunque me duela aceptarlo, es que terminé en la calle por culpa del amor, no del alcohol como muchos se imaginan. Al contrario, el alcohol ha sido mi compañero; uno fiel, por cierto. El sigue creyendo en mí y yo en él. Las conversaciones más profundas las he tenido conmigo mismo en su compañía, me ha dado una visión diferente de la vida. Soy autónomo y no dependo de nadie, encontré una realidad paralela, una realidad en la que no me rige el sistema. La gente en la calle no es solo la mala imagen que se ve a diario, hay gente que te enseña; gente sabia que te hace ver la vida de otra manera. Aquí encontré  filósofos de la vida que coincidieron conmigo en que el amor es la peor droga del mundo.

Ahora soy dueño de mi tiempo y no trabajo con ningún “herba mierda”. Cuando vives en la calle, no pagas arriendo, no pagas servicios, no te preocupas por los lujos de una casa o el resto de parafernalias, solo por mostrar a la sociedad lo que has conseguido jodiéndote la vida en las empresas de gente con billete hasta para limpiarse el culo. Aquí hay de todo es cierto, pero vives tranquilo y mejor, aquí también hay familia. La calle es mi nueva familia…

-Mientras grabábamos el relato de Manolo, la policía llegó abruptamente y se lo llevó por robar whisky de las licoreras. A Manolo, el amor se la jugó como siempre. Esta vez no fue por Susana ni Laura, tampoco por Carmen o Mariana, ni por Cristina y Natalia; esta vez, fue por el alcohol.

Odio

Odio

Odio que mi corazón “lata” por un extraño o que me detenga en el tiempo a escribir líneas inspiradas en él; o más bien consecuencias de su presencia.

Odio no tener el control, odio no tener el poder de ordenarle a mi cabeza prudencia y a las mariposas paciencia.

Odio pensar en qué pasará y no saberlo en esencia. Odio no conocerlo del todo y ya sentir que podría serlo todo.

Odio creer en algo que no creo. Sí, no creo en las cosas bonitas, quizá he estado algo marchita.

Odio las posibilidades, porque me hacen sentir ilusión, porque me hacen sentir ilusa. ¿En qué momento empezó el miedo a soñar? A mi corazón le pusieron una coraza, ¿O me la puse yo?

-Lolita Monroe-

Amor de gitana

Amor de gitana

Mi amor de gitana yo no lo regalo, mi amor de gitana a nadie se lo guardo. El corazón de gitana es difícil, extraño, impredecible, inquebrantable; eso dicen los demás, eso me dijeron mi abuela y mi mamá. Yo crecí y me lo creí … a medias, porque cuando la cabeza no entiende cómo funciona el corazón, porque cuando se lleva toda la vida aprendiendo de gitanas y uno no entiende qué pasa con el corazón gitano, todo cambia.

Mi corazón que es mitad gitano y mitad no sé qué más, ha vagado por diferentes amores; los peores y los mejores. Ha vivido la indiferencia de un insensato y la atención de un enfermo de amor, el dolor de un carente y la alegría del ideal, pero no por siempre. Mi corazón gitano le ha ganado al sentimiento, por eso es que a veces pienso que el corazón gitano está en la cabeza y no en el pecho como me dijeron. La forma en la que me educaron, la ley que me ordenaron; es la ley que manda, la costumbre que gana. Porque una mujer gitana como yo si sufre, nadie lo descubre.

Volátil y aventurera, apasionada y libre, difusa y también confusa. Quien sienta valentía que venga y lo descubra, quien sienta temor que se quede en la penumbra.

Se tiene derecho

Se tiene derecho

Se tiene derecho a dejar lo que uno quiera, se tiene derecho a dejar las cosas que uno ama; las buenas. Se tiene derecho, porque parar y tomar un respiro es sano para todo; no es un pecado. Se tiene derecho, porque a veces es natural “hastiarse” hasta del placer.

Se tiene derecho porque todo tiene derecho y revés. Se tiene derecho porque es justo y necesario. Y así como se tiene derecho, es obligación dejar las cosas que hacen mal, las cosas que no te dan derecho, porque si se tiene derecho hay opción, y si hay opción; hay derecho y hay revés.

Dormido

Dormido

Dormido se quedó él cuando mi corazón andaba despierto. Esperando luz verde, se quedó estancado en un semáforo rojo que nunca le dio paso. Se quedó dormido y ya no despertó. Se acostumbró. Recibió las señales -confusas- y lo asimiló. Adiós.

Ahora, él despertó. No mi corazón; él. El que estaba dormido cuando mi corazón andaba despierto. Quizá estuvo en un sueño ligero; sueño que se sintió como un letargo. Parece que despertó completamente. Despertó cuando ya mi corazón prefería estar dormido. Despertó para decir un irónico adiós. ¿Y despertar mi corazón? No, no quiero, porque ya pasó por el olvido y no se deben revivir las cosas que no vale repetir. Al corazón o lo dejas dormido o lo haces soñar despierto.

Adiós